Lic. Graciela Cejas

Lic. En Psicología- Sexóloga (UBA) Mat. Prof. Nº 7445
TE: 4957-2754
Móvil: 15-6141-0406
Consultorio en la zona de Balvanera (a una cuadra del Hospital Ramos Mejía)

Notas

¿Por qué el adolescente puede plantear miedo a enamorarse? ¿Cuáles pueden ser las causas posibles de este temor?

sexo adolescentePara responder a estas preguntas, es necesario tener en cuenta dos aspectos que forman parte del proceso adolescente y que contribuyen a explicar este temor. Durante esta etapa a nivel interno se produce el despegue de los primeros objetos de amor, los padres; lo cual implica una movilización ya muy importante para el adolescente. En ese movimiento el chico concentra su energía en la construcción de sus propios modelos distintos a los padres. Así, transformar un objeto de amor en otro se presenta como una empresa insoportable, que se suma a la inhabilidad adolescente para enfrentar los conflictos que plantea la realidad para lo cual no cuenta aún con recursos suficientes.

Pero hay un factor más a considerar: se trata del modelo social que sugiere como ideal una estructura de pareja con caracteres tales en las cuales el hombre y la mujer tratan de convertirse en aquello que el otro parece necesitar como si fuéramos objetos de consumo. No está admitida la posibilidad de desilusionar al otro, cualidad característica del amor, ya que este modelo exige ocultar la propia identidad a expensas de completarnos totalmente, lo cual es imposible.

El miedo a la soledad, al rechazo, a no ser "suficiente" para colmar las expectativas del otro, la búsqueda de gratificaciones inmediatas, sumados a una sexualidad que pulsa por expresarse y que debido a la desigual maduración del cuerpo y de la psique es vivida como traumática, son factores a tener en cuenta para explicar la reticencia de algunos jóvenes a embarcarse en la aventura de una relación fuera de la familia.

 

¿El fracaso ó la frustración entran en juego en esta situación?

Acceder a la experiencia del amor requiere, como decíamos, superar este ideal social de utilización del otro para satisfacer las propias necesidades. En tanto se pretenda ofrecer al otro lo que éste espera, ó viceversa, sólo se lograrán enamoramientos pasajeros mientras dure la ilusión de que es posible completarse mutuamente (que inevitablemente caerá) además de implicar un importante gasto de energía en el intento de adaptarse a la otra persona a expensas de la propia identidad. En este sentido, son experiencias frustrantes que inhiben la posibilidad de acercamientos al otro sexo y la apertura felíz al descubrimiento mutuo. ¿No es, por el contrario, más común enamorarse y des-enamorarse durante la adolescencia?

Sí. Justamente estas relaciones fugaces, que se disuelven sin pena la mayor parte de las veces, forman parte de un ensayo en el cual el adolescente intenta conocer y dominar sus impulsos libidinales y agresivos. Su interés de reaseguramiento justifica la corta duración de estos vínculos, los cuales no constituyen relaciones genuinas sino que forman parte de este proceso de autoconocimiento.

¿Cómo puede revertirse este sentimiento? El respeto por los propios valores, el amor a uno mismo en el sentido de la aceptación y el cuidado del propio cuerpo y los sentimientos, hace al fortalecimiento de la autoestima y garantiza el respeto por el otro (al cual ya no necesito para sentirme seguro). Somos personas, no objetos de consumo. El amor está relacionado con la capacidad para jugar y crear, con el despliegue de las propias cualidades e intereses, con la posibilidad de compartir con alguien esta potencia. Perder ese temor paralizante guarda directa relación con el descubrimiento y el amor a la propia diferencia, a la propia identidad, y con el respeto por la dignidad personal.

 

Observaciones y comentarios.

La adolescencia constituye un proceso en el cual se desenvuelven toda suerte de conflictos relacionados a la asunción de un rol sexuado, el reconocimiento y aceptación de los propios límites y capacidades, la asunción de una escala propia de valores, la posibilidad de hacer realidad sueños e ideales (tan necesarios para la salud de un individuo).

Consideramos de la mayor importancia estimular el fortalecimiento de la identidad individual, que no puede concebirse sin la relación a los otros significativos. Esto implica desdramatizar tales conflictos, los errores que puedan cometerse en esta y otras etapas de la vida a fin de que el adolescente pueda emerger como un sujeto responsable de sus actos, no culpable. De las equivocaciones aprendemos, es parte de nuestra naturaleza humana. Es imprescindible equivocarnos para obtener algún logro que valga la pena ser mencionado.

Y el amor...el amor incluye esta dimensión de ensayo y error, de incompletud, de intentos fallidos. Incluye la dimensión de un cuerpo que no remite al ideal, pero que es el nuestro, fuente del inmenso placer que implica el encuentro sexual en pareja, donde se juega nuestra capacidad de inventar, siempre, nuevas maneras de acercamiento. Y lo mejor: está, como experiencia , al alcance de todos (gordos y flacos, altos, bajos, rubios, morochos, y así podríamos seguir...) Lo está justamente porque no se trata de un premio a merecer, sino de una actitud positiva frente a uno mismo y a la vida.

 

Lic. Graciela Cejas y Lic. Irene Aguirre (Nota redactada para la revista "Para Teens", edición de septiembre de 2009)